El secreto para tener una rutina constante, es que la puedas sostener

Si alguna vez empezaste una rutina de skincare con toda la motivación del mundo y la abandonaste a las dos semanas, quiero decirte algo importante: no era la rutina ideal para ti.

La constancia no se trata de fuerza de voluntad, ni de disciplina extrema. Se trata de diseñar una rutina que entre en tu vida real, no en una versión idealizada de ti misma.

Así que me he propuesto compartir contigo mis tips y recomendaciones para que sepas cómo adaptar tu rutina a tu estilo de vida, cuáles son los mínimos imprescindibles del día a día y cómo mantenerlos en el tiempo, sin esfuerzo ✨

1. Empieza por una rutina básica

Una rutina efectiva no tiene por qué ser larga. De hecho, cuanto más simple, más fácil es sostenerla.

Una buena base cubre lo esencial:

  • Limpieza (doble por la noche)

  • Hidratación

  • Protección solar (de día)

Con esta rutina básica te aseguras de tener la piel limpia, con su hidratación necesaria y que esté protegida. Estos serían los pasos mínimos, en esos días en que estás muy cansada, que no das más, o no tienes tiempo.

2. Que sea fácil y que esté a mano

La constancia vive en los detalles pequeños:

  • productos visibles

  • en el mismo lugar

  • sin tener que buscar ni pensar demasiado

Lo que está guardado, no se usa.
Lo que es fácil, se repite y se puede sostener en el tiempo.

3. Júntalas con rutinas que ya haces

No intentes crear un hábito nuevo desde cero.
Mejor: engánchalo a uno que ya existe.

  • Por ejemplo:

    • después de lavarte los dientes

    • al llegar a casa

    • al terminar la ducha

De esta manera podrás integrarlo fácilmente. Al asociarlo a un hábito que ya haces de forma natural, no habrá excusas: este nuevo gesto vendrá justo después, casi sin pensarlo.

4. No la dejes para el final del día

Si esperas a estar en la cama, cansada y medio dormida, la rutina se vuelve pesada.
Y ahí aparecen cosas como: hacer la rutina mal o a medias y… media crema hidratante en la almohada 🙃

Siempre que puedas, adelántala. Tu piel (y tu energía) lo van a agradecer.

5. Ten claro qué hace cada producto

Usar productos sin saber para qué sirven genera desconexión.

No sé si a ti te pasa, pero cuando entiendo para qué sirve un producto, puedo imaginarlo mejor en mi mente. Incluso puedo visualizar cómo actúa en mi piel, y eso lo vuelve más real.

Cuando comprendes qué hace cada paso y por qué lo estás usando, la motivación cambia. Ya no es “ponerte cosas”, es cuidar tu piel con intención.

El conocimiento es poder: te da criterio, autonomía y compromiso con tu piel ✨

6. Define tus básicos irrenunciables

Hay activos que, pase lo que pase, deberían estar siempre en tu rutina:

– Los que limpian y favorecen la renovación celular.
– Los que mantienen y fortalecen la barrera cutánea.
– Los que estimulan la producción de colágeno.
– Y los que protegen la piel a diario.

Para definirlos, hazte una pregunta clave:
¿Qué necesita mi piel esta temporada?

¿Mantenerla hidratada y luminosa?
¿Recuperar la barrera?
¿Sientes flacidez y líneas y quieres estimular colágeno?
¿Tienes manchas que quieres tratar?

Según tus prioridades, puedes decidir qué trabajar y qué activos incluir, y luego organizar una rutina semanal para potenciar resultados.

Tener esto claro evita abandonar la rutina en días —o temporadas— más caóticas 🙃

Si aún no tienes tu rutina definida, recuerda que puedes venir a verme y lo organizamos juntas 🫶

7. Ten un “plan b” para los días complicados

No todos los días haremos la rutina de forma “ideal”, pero esto también cuenta como constancia.

Ejemplo:

  • rutina ¡guau! → doble limpieza + tónico/esencia + contorno de ojos + serum (que trabaja) + hidratación

  • rutina que cumple → doble limpieza +  serum (que trabaja) + hidratación

  • rutina básica → doble limpieza + hidratación

  • rutina de crisis → doble limpieza

¿Ir a la cama con la piel sucia? ¡Jamás!

Por eso, para mí, la doble limpieza es un irrenunciable.
Al menos con la piel limpia, podrá hacer su proceso de regeneración nocturna de forma correcta

8. Adapta la rutina a tu momento vital

  • La rutina que funciona en vacaciones no siempre funciona en plena rutina laboral.

  • La rutina que funciona cuando estás soltera y sin hijos no es la misma si estás embarazada o acabas de ser madre.

  • La rutina que funciona mientras estás ovulando no es la misma cuando estás en plena fase lútea (¡auxilio!).

  • La rutina que funciona en verano no es la misma en pleno invierno… y así sucesivamente.

La piel y la vida cambian, y la rutina debe acompañar, no convertirse en una carga.

Revisarla y ajustarla también es parte del cuidado ✨

9. Busca que se sienta bien

Texturas agradables, aromas suaves, un masaje corto, una luz cálida.
Cuando la rutina se convierte en un momento agradable, deja de ser una obligación y se convierte en un ritual.

El cuerpo repite lo que le da placer.

10. Constancia no es perfección

Es cumplir contigo.

Un día sin rutina no borra todo lo que ya hiciste. Castigarte solo aumenta las ganas de abandonar, así que suelta la culpa.

La constancia real está en volver, una y otra vez, desde un lugar amable.

¿Tienes que amar el skincare? No necesariamente… aunque mejor si es así 😅

Yo te invito, al menos, a verlo como algo tan básico e importante como lavarte los dientes o ducharte a diario 🫶

En resumen

La mejor rutina no es la más completa
ni la que ves en redes.

Es la que se adapta a ti.
La que puedes sostener en los días largos,
en los días cansados
y en los días normales.

Ahí está el verdadero secreto ✨

Un abrazo, querida.
Nos leemos en el próximo blog ❤️


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